ὁ θησαυρός αἰώνιος | Tesoro Eterno

Creo en la Revelación de León Morris

León Morris, Creo en la Revelación, Traducido por  Miguel Blanch, Miami: Editorial Caribe, 1979.
Escrito por: Benjamin Rojas Yauri

León Morris fue escritor y teólogo internacional, nació el 15 de marzo de 1914 en Lithgow (Australia) y gracias al testimonio cristiano de algunos estudiantes se convirtió a la fe durante sus días de universitario. Estudió en la Universidad de Sydney (B.Sc., 1934), el Seminario Australiano de Teología (Th.L., 1937), la Universidad inglesa de Londres (B.D., 1943, M.Th., 1946); Cambridge (Ph.D., 1952) y la austaliana de Melbourne (M.Sc., 1966).  Trabajó con la Misión Minkipa del Sur de Australia de 1940 al 45. Fue Subdirector, primero, del Ridley College de Melbourne (1945-59), y Director, después (1964-79). Fue rector de Tyndale Hosue de Cambridge (Ingaterra, 1961-63). Dio conferencias en varios seminarios latinoamericanos. Fue miembro de la Iglesia Anglicana de Australia y fue un distinguido y respetado exegeta del Nuevo Testamento, erudito, cuidadoso de desentrañar el significado original, evangélico en teología. Tanto en escatología como en soteriología mantiene las doctrinas reformadas. Falleció el 24 de Julio del año 2006, dejando tras si una gran herencia para el conocimiento, dentro de sus escritos podemos mencionar ha, Evangelio según Juan; Estudios sobre la Teología de Juan; Las cartas a los Tesalonicenses; Apocalipsis; Creo en la revelación; ¿Por qué murió Jesús? Entre otros. Dijo: “En lo básico todavía podemos considerar la Biblia fiable y usarla como criterio pleno de autoridad, no veo razón para abandonar la postura tradicional. Hay buenas razones para sostener que Dios ha hablado en la Escritura, y cuando Dios habla, la parte del hombre es oír y obedecer” (Creo en la revelación, p. 198), libro que es el motivo de nuestro análisis en esta oportunidad.[1]

León Morris en el primer capítulo de Creo en la Revelación nos dice que existen varias definiciones sobre revelación, algunas convierten a la Biblia en un libro infalible  y otras la hace un simple libro de historias humanas con bonitas enseñanzas. Algunas de estas definiciones afirman que nuestra religión no debe basarse en lo que Dios ha dado a conocer en su palabra, sino en nuestra propia e individual intuición.

Por otro lado, Morris afirma que la tan promulgada unidad cristiana no debería radicar solo en el nombre de cristianos, sino sobre todo en la forma como se ve a la Biblia y en la autoridad que se la confiere a ella.  Afirma que hay quienes creen que la teología, la doctrina y aun la predicación están basadas en nuestras propias filosofías, aunque no se pueda negar la idea de que el lector de la Biblia puede apropiarse de las ideas bíblicas y presentarlas como suyas. Por lo tanto, no se puede negar la gran verdad de que el estudioso de la Biblia, honesto y sincero, a pesar de sus presuposiciones, tiene la oportunidad de encontrar en la Biblia un mensaje auténticamente Divino.

Para Morris, si Dios habla en verdad en la Biblia no se puede andar por el camino de la subjetividad, pues todas las cuestiones planteadas como la teoría de la comunicación y otras limitaciones inherentes a la palabra escrita tienen carácter periférico. El punto central del asunto es si Dios en efecto ha decidido revelarse o no. Bíblicamente la revelación no está bajo el control humano, Dios la da en el momento que él cree oportuno y solo depende de él.

Desde un punto de vista lógico, social y sicológico sería imposible para el hombre elaborar la idea del evangelio, la función de los gentiles en ella, y otros temas de los cuales solo podemos enterarnos y valorarlos a través de la revelación. Debido a esto Morris afirma: “La revelación tiene un propósito, una aplicación y se ocupa de materias de gran alance” (24). Existen tipos de revelación, como la que se manifiesta en un culto común, que aunque  a primera vista sea un simple pensamiento que enriquece el culto, la realidad es que no es un pensamiento humano sino uno divino, pues Dios provee a su pueblo la solución o aquello que su pueblo necesita.

Geral Downing dice que es imposible la existencia de la revelación, pues ella debería ser comprensible para todos, pero según él esto no se cumple, entonces simplemente afirma que la revelación no existe. El concepto apriorístico de revelación o decir que el profeta para ser profeta tiene que decir y escribir conforme a las reglas creadas por mí en la actualidad no es correcto. Tampoco es correcto creer que si Dios se revela debe hacerlo de acuerdo a mi idea de revelación, los profetas y Dios tienen libertad para decir y escribir de acuerdo a su propia cultura, voluntad y de acuerdo a sus propias normas. Este método apriorístico no es bíblico porque no da a la Biblia la capacidad de hablar por sí misma y no es cristiano porque no coloca a Cristo como fundamento sino al mundo y a su idea actual.

La Biblia da testimonio de la existencia de ciertos hombres que afirman haber escuchado y haber visto a Dios y entonces surge la pregunta de que si realmente ellos transmitieron este conocimiento o parte de el a sus lectores. No se debe olvidar que Dios tiene soberanía aun sobre aquello que el hombre dice, como en el caso de Balaam y Cafias, que no fueron profetas pero que en efecto profetizaron grandes verdades. Todo esto hace que Morris afirme que el texto bíblico no es un testimonio desde el punto de vista de Moisés, sino la revelación de Dios dada a través de Moisés.

Morris concluye su primer capítulo mencionando que, la única manera de comprender la misericordia de Dios expresada en nuestro Señor Jesús, es por medio de la revelación, también dice que no le agrada la unidad que algunos proponen para la Biblia, lamentablemente no explica el tipo de unidad al que se refiere.

En el segundo capítulo Morris afirma que tanto la revelación general como la especial se complementan, pero que ambas también dicen algo separado y distinto sobre Dios. La creación da testimonio de su creador, esta creación incluye al hombre, pues el carácter moral de éste nos habla de Dios como un ser moral. La revelación natural en realidad da el fundamento necesario para la compresión de la revelación específica. Aunque no se pueda probar la existencia de Dios de forma científica, ella (la revelación general) pone el fundamento para determinar la existencia de Dios, pues él es el creador.

Por otro lado están los que creen solo en la posibilidad de la revelación general, es decir que la revelación general solo se hace real y llega a ser revelación cuando Dios desea mostrarse a través de ella. Se debe aceptar que Dios toma lo conocido para mostrar lo desconocido a un individuo, de esta forma y en cierto sentido convierte a la revelación general en especial. Dios en su soberanía se sirve de la naturaleza y la usa a su gusto para revelarse al hombre, él es capaz de usar las cosas más sencillas, como la plomada en el caso de Amos para comunicar sus grandes verdades.

Morris afirma que la Biblia no enseña nada sobre que la tierra gire alrededor del Sol, afirmación que no está fundamentada y que debería ser mejor analizada, sin embargo continúa diciendo que la fe humilde es necesaria para recibir y entender la revelación, pues cuando Dios habla, lo que le corresponde al hombre es escuchar y obedecer. La revelación se diferencia de los conocimiento adquiridos y descubiertos por el investigador común, porque en ellos (los conocimientos adquiridos) no se encuentra un Así dice Jehová. Por otra parte, si Dios ha sido descubierto y no revelado este sería un destacado logro humano, pero nadie descubre a Dios pues él se revela de acuerdo a su voluntad.

Sin embargo la limitación de la revelación general se encuentra en el hecho de que ella solo puede llevarnos a conocer nuestra condición y la existencia de Dios pero no puede hablarnos de doctrina o del gran plan de salvación, ello se encuentran fuera de su alcance.

No existe un sistema a seguir que pueda hacer hablar a Dios, él se revela cuando él cree y ve necesario, usa la historia si lo desea para ello o cualquier otro elemento, sin embargo el punto culminante de la revelación de Dios la encontramos en la persona de nuestro Señor Jesús. Debemos tomar en cuenta que la revelación incluye interpretación de los hechos mismos de la revelación, esto justifica que luego de los hechos vividos por Jesús, exista la necesidad de profetas, es decir de la revelación especial, pero luego de hecha esta interpretación (revelación especial), ceso este tipo de revelación. En este punto Morris no deja la idea muy clara sobre su entendimiento de lo que es la interpretación de los hechos para él, pues el concluye diciendo que las palabras y los hechos siempre estarán unidos, pues para tener una revelación real no se puede separar una de la otra.

Morris dice que si bien es cierto que el cristiano no está libre de elementos que puedan llevarlo a la duda sobre la revelación de la Biblia, ella también provee razones para hacer crecer la fe y esta fe crecida le da certidumbre al cristiano en la palabra de Dios, esto puede hacerse realidad porque la Biblia no contiene la Palabra de Dios, sino que ella es la Palabra de Dios, es única en su género y capaz de producir certeza.

En el capítulo tres Morris dice que la actitud de Cristo con respecto a la Biblia es definitoria sobre nuestra actitud respecto a ella, y continúa diciendo “no quiero decir que es inconcebible que los cristianos difieran de su Maestro (el Señor Jesús) en el menor detalle” (66) frase que abre la posibilidad de disentir con nuestro Señor, actitud que es inconcebible desde el punto de vista bíblico, considerando que el mismo Morris dice que él (Jesús) es la cumbre de la revelación de Dios, solo nos queda preguntar, como puede ser posible disentir con la revelación de Dios.

Para Jesús la Biblia no solo era un libro que debía usarse porque tenían un valor inestimable para su audiencia, sino que él la consideraba palabra de Dios con autoridad sobre él y por lo tanto sobre su misión y vida, la Biblia daba testimonio de él.

Por otro lado Morris afirma que la biblia no admite la posibilidad de que alguien descarte alguna de las enseñanzas de la ley, aunque el mismo dice después que “el modo en que se cumple la ley puede estar escondido bajo la superficie” (72). Esta frase parece haber sido colocada para justificar su interpretación de la ley respecto a puntos como la observancia del día de reposo o la distinción entre alimentos limpios e inmundos, respecto a este ultimo él es muy claro en su posición de que hoy en día los alimentos todos son limpios, basado para ello en una incorrecta interpretación de Marcos 7.18.

Morris dice que cuando Jesús dijo, “Pero ahora yo os digo” no estaba abrogando el AT sino que le estaba dando un significado más profundo y correcto, sin embargo continua diciendo que únicamente Jesús puede modificar las escrituras y únicamente el sabe hacerlo y en efecto lo hizo, argumento que no tiene un sustento bíblico e histórico correcto, continúa diciendo que el edifico sobre el AT pero modificó y construyó de forma diferente, hecho que él lo demuestra haciendo alusión a la supuesta eliminación de la división entre animales limpios e inmundos.

Jesús siempre usó la Biblia de su tiempo (AT) y aunque no uso todos los textos del AT eso no quiere decir que los no usados tengan menos valor que los usados, respecto a ello dice Morris, “es difícil entender como alguien se puede llamar cristiano y rechazar doctrinas que para él eran fundamentales y centrales” (79), afirmación que contradice su posición sobre el día de reposo y los alimentos, más aún cuando él mismo declara que los apóstoles tenían la misma actitud de Jesús respecto al AT. Morris afirma que para los discípulos, el AT era palabra de Dios totalmente autoritativa, sin embargo continúa diciendo que si bien es cierto “Hay continuidad y discontinuidad con la antigua dispensación”, las leyes hay que considerarlas a la luz del nuevo pacto. Posiblemente sea esta posición dispensacionalista la que lo lleva a tener una interpretación equivocada de la revelación que él tanto defiende. Por lo tanto, es posible afirmar que Morris ve al AT. con autoridad respecto al cumplimiento de la llegada del Señor y su ministerio, mas no como autoritativa en su ordenanzas particulares.

Por otro lado Morris afirma y demuestra que los escritores posteriores a los apóstoles nunca reclamaron para sus escritos el titulo de Palabra de Dios, y para beneficio nuestro, siempre atribuyeron a los escritos apostólicos autoridad Divina.

En el capitulo cuatro Morris nos dice que se puede verificar la revelación en la experiencia personal de cualquier humano que recibe dirección especial de Dios para su vida particular, pero que la revelación de la que hablamos no es la que guía de forma personal y esporádica, sino la que guía a un todo (su iglesia) y de forma permanente. Sin embargo dice él, toda revelación debe pasar por el filtro de la revelación primordial, la Biblia, y continúa diciendo que si bien es cierto es sumamente importante tener la revelación primordial, también es cierto que es sumamente importante ver como la entendieron y la vivieron los cristianos que vivieron antes de nosotros, pues esto guiará nuestro entendimiento de la revelación en la actualidad, también afirma que existen formas tradicionales de interpretar la Biblia y que no podemos prescindir de ellas.

Morris continúa diciendo que todo lo que contradice la interpretación dada por la iglesia queda de ipso facto descartado, afirmación que debe ser reflexionada y estudiada, además parece tener un cierto grado de contradicción con su  afirmación de que la revelación (la enseñanza Bíblica) es lo único que está al margen del voto de la iglesia. Por otro lado él dice que la tradición solo es aceptable como medio de interpretación y revelación cuando es entendida como un instrumento usado y guiado por Dios quien tiene la autoridad definitiva, pues la tradición tiene un lugar pero no a la par ni sobre la Biblia.

Otro punto interesante de la reflexión de Morris es que la Biblia puede conducir a resultados diferente aun entre quienes la toman con todo seriedad, ella no enseña un cristianismo monócromo y eso es aceptable y beneficioso para él.

Morris continúa diciendo que como se demuestra en el estudio de los sínodos y las diversa reuniones tenidas en las que se trataba algo que tenía que ver con el canon bíblico, ellas no determinaron que libros debían incluirse en el canon, solo confirmaron la permanencia de los libros que ya eran parte del canon en ese entonces, afirmando así que la iglesia no nos entrego la Biblia, pues ella ya existía, es decir, la iglesia nació con ella en su cuna, de el hecho de tener un canon cerrado podemos deducir que todo lo necesario para la obra de salvación ya esta hecho y revelado.

Morris concluye este capítulo afirmando que un enfoque apriorístico sobre la formación del canon bíblico es de hecho totalmente inconcebible.

En el capitulo cinco, Morris inicia mencionando que el fundamentalismo creía en un palabra incuestionable de Dios, no por bibliolatria sino por una búsqueda honesta de Dios en ella, sin embargo la crítica ha ayudado mucho en la comprensión bíblica, pero el precio pagado para ello parece ser demasiado alto, el defecto de este método está en enfocarse en cuestiones secundarias para obtener la adecuada perspectiva de la narración, no podemos olvidar que nunca debería interpretarse un texto sin tomar en cuenta que hace parte de un todo.

El enfoque crítico es como tomar la sopa con un tenedor, por su parte el kantianismo dice que lo que tenemos en la biblia no es la realidad sino la experiencia humana de la realidad, por otro lado Morris afirma que el método critico histórico no es el adecuado para estudiar el NT porque este método acaba excluyendo el mensaje bíblico central, el trabajo redentor de nuestro Señor, Jesús es más que el Jesús de la historia y la Biblia por lo tanto más que un libro de historia, es también imposible dice él encontrar analogía con respecto a nuestro Señor y a sus obras salvíficas, pues son únicas e irrepetibles.

Al parecer Morris aboga por llegar a un equilibrio entre la critica histórica y el fundamentalismo y de esta forma comprender mejor la revelación de Dios, dice él que existe una manera de estudiar la Biblia sin escuchar la palabra de Dios y aunque este método tenga su validez, este no es el mejor método, pues él único método correcto es aquel que permite que el hombre escuche la voz de Dios, dice él, que la erudición nos ha llevado a estudiar el texto sagrado de tal forma que al final se conoce mucho, pero no se escucha para nada a Dios, dice él que las grandes historias que durante miles de años instruyeron y llevaron grandes mensaje de Dios a la humanidad, hoy se ven silenciadas gracias a las críticas que tratan de hacer su estudio cada vez mas científico.

Morris concluye este capítulo diciendo, la Biblia es un libro humano y divino, pues Dios es capaza de hacer escribir a un hombre sus palabras con las palabras de ese mismo hombre.

En el capitulo seis dice Morris que hay quienes creen que la revelación debe buscarse en los hechos y no en las palabras,  sin embargo los hechos no siempre son correctamente interpretados, y para ello es necesaria la revelación, es decir alguien debe decirnos el significado correcto de esos hechos, los hechos por si solos no bastan, los que piensan más en los hechos dicen que lo que deberíamos averiguar es, como realmente es Dios, si tal o cual autor escribió esto respecto de él.

Morris por otro lado afirma que la revelación es proposicional, él aclara que la revelación tiene un aspecto conceptual, porque nos muestra a un Dios real y no nos deja en duda de si conocemos o no a Dios, es clara y definida en su concepto de Dios, dice él, negar la revelación proposicional y decir que Dios se revela es incongruente, ya que un ser solo se puede revelar por medio de proposiciones, ya que conocer a alguien significa saber cosas de ese alguien, y esto solo se lo consigue mediante las proposiciones vertidas por él sobre él. Por lo tanto, las palabras tienen un significado propio y un lugar importante en la revelación.

Morris cierra este capítulo asegurando que no es cierto que la Biblia puede decir cualquier cosa, pues los verdaderos estudiosos de ella nunca darán por sentada su interpretación o comprensión del texto, sin antes comparar sus resultados con los resultados de otros estudiosos de la Biblia. Dice que la Biblia es objetiva y subjetiva, en ella se encuentra a Dios pero no todos lo encuentran de la misma forma y manera, declaración que a mi juicio da libertad a una amplia variedad de interpretaciones del texto sagrado, que en la mayoría de los casos será antojadiza.

En el capítulo siete Morris dice que la salvación es la razón de las escrituras, Jesús fue sostenido por la palabra de Dios y no por la comunión con él (su Padre) declaración que también merece una mayor reflexión. Aunque debemos tomar en cuenta la posible existencia de un elemento de interpretación al hacer la traducción de lo pronunciado por Jesús en arameo y lo escrito por los apóstoles en griego, no podemos negar que el principio de sucesión hace que la Palabra hablada y escrita nos haga llegar al mismo Jesús de aquello años, hasta nosotros, esto es beneficioso pues solo se puede creer y confiar en alguien que conocemos, pero solo podemos conocer a alguien por lo que se escribió de él, pero aún ello solo se hará realidad si confiamos en la palabra escrita.

En el capitulo ocho Morris dice que cuando se predica no se habla simples convicciones ni se pone nuestro punto de vista personal, sino que se habla la palabra de Dios, por otro lado dice él, no podemos abandonar las enseñanzas bíblicas por el simple hecho de que hoy no puedo tener una explicación científica del texto bíblico, o si la hay ella difiere en parte o en su totalidad con la afirmación bíblica, nunca deberíamos olvidar que el propósito de la Biblia no es brindarnos información científica, sino conducirnos a la salvación, tampoco por ello podemos afirmar que Dios en efecto revelo su verdad en un libro con errores.

Si bien es cierto que para el cristianismo la autoridad es la Biblia, no olvidemos que vivimos en un tiempo en el que se pone en cuarentena a todo lo que reclame autoridad, desde la constitución de un país hasta el padre que desea poner orden y normas en su casa.

Por otro lado Morris afirma que si pensamos que la cultura es una barrera que impide que alcancemos el verdadero conocimiento de Dios, ya que los escritores bíblicos vivieron y escribieron en otro tiempo y cultura,  estaríamos diciendo que es imposible el entendimiento intercultural y hoy esta idea ya no puede ser sostenida.  Él concluye diciendo que la biblia responde al paraqué mientras que la ciencia responde al como, ambas se complementan no se contradicen.

En el capitulo nueve Morris nos recuerda que cuando hablamos de la revelación como siendo poseída por un grupo especial de personas no hablamos de exclusivismo religioso sino de la verdad y de su poseedora, nunca debemos olvidar que en el centro de la verdad revelada está la cruz y que sin ella toda la revelación no tendría sentido, pues toda ella nos conduce a él y a su obra,

Cristo es la norma y él nos conduce y nos muestra la verdadera revelación, él es único capaz de conducirnos a la profundas necesidades de la gente de este mundo, para luego valiéndonos de esa necesidad presentemos a Jesús como la solución para su vida.

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[1]Wikipedia la enciclopedia Libre, “León Morris”, http://es.wikipedia.org/wiki/ Karl_Rahner (consultado: 18 de enero de 2009); también en http://www.protestantedigital.com/new/imagenes/autores/LeonMorris.jpg (consultado: 18 de enero de 2009).

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